Telenovelas Latinoamericanas. Primera parte.
lunes, julio 30, 2007
Desde siempre la televisión latinoamericana se ha caracterizado por ofrecer telenovelas, también conocidas como teleseries, teleteatros o simplemente "culebrones".Definidas como un producto típico de esta región del mundo, las telenovelas son programas que se transmiten diariamente y, dependiendo del éxito que alcancen entre la audiencia, pueden extenderse por más de un año, incluso dos. Y es que no resulta fácil sustraerse a las intrigas, romances y situaciones varias que capítulo a capítulo se suceden en la trama, que muchas de las veces suele rozar la ingenuidad, ridiculez y mal gusto.
Si bien este tipo de ficción constituye un género que lleva cerca de 50 años en las pantallas de América Latina, logrando penetrar con éxito incluso en países tan disímiles como Israel y Rusia, carecen de la calidad que su larga trayectoria les exige.
En efecto, sólo es cuestión de revisar la oferta de ciertos proveedores para comprobar la precariedad de estas producciones. No nombraré televisoras ni grandes grupos de comunicación para graficar lo que sostengo. Sólo mencionaré las principales características de este subproducto regional que, si se hiciera mejor, con calidad, se transformaría en un aporte y un reflejo más ceñido a nuestra sociedad.
Antes de iniciar esta breve revisión debo señalar, en todo caso, que existen honrosas excepciones, tales como las telenovelas producidas en Brasil y algunas realizadas durante los últimos años en Argentina (Muñeca Brava, Resistiré, Montecristo); Chile (Romané, Machos, Brujas, Los Pincheira, Los Treinta, Alguien te Mira); Colombia (Café, con aroma de mujer, Yo soy Betty, la Fea); México (La Mentira, Mirada de mujer) y Miami, EE.UU. (La Tormenta, El Zorro -aunque ambos finales fueron un bodrio-).
Aclarado esto, comencemos.
Las telenovelas desarrollan historias mínimas.
Las tramas son tan básicas que ni siquiera alcanzan para que un niño utilice todas sus neuronas para entender de qué se tratan.
La mayoría apela a los mismos recursos argumentales que por años se llevan repitiendo en cada producción. Bebés perdidos; mujer joven humilde se enamora de hijo apuesto de empresario millonario; triángulos amorosos; amores prohibidos; asesinatos por montones; heroína queda ciega y en el último capítulo recupera la vista; galán pierde la memoria y se enamora de la "otra"; mentiras, trampas y engaños; personajes populares simpáticos; escenas en cocinas, dormitorios y comedores; y la infaltable muerte de los villanos.
Las telenovelas no saben explotar el morbo del público.
Las telenovelas no saben explotar el morbo del público.
Si quieren entregar historias desgarradoras, entonces debieran darle más importancia a la siquis de los personajes.
Sin embargo, actualmente debemos ver que las actitudes de los protagonistas se limitan a motivaciones tan burdas como encuentros accidentales entre la heroína y el galán en el primer capítulo que justifican el amor que sentirán en el transcurso de los 300 capítulos restantes; villanos que son malos porque sí; historias secundarias que no se sustentan por sí mismas y que hacen suponer que existen sólo para que determinados tipos de público se sientan identificados con algunas situaciones. En fin, no podemos tolerar que si se muere un personaje, al episodio siguiente nadie se acuerde ni le afecte.
Continúa el miércoles...
Adiós Fontanarrosa...
jueves, julio 19, 2007
Reflexiones en torno al Periodismo
martes, julio 03, 2007
Si hay una característica que aún falta por desarrollar en el periodismo es la de tratar de “abrir la cabeza”, generar “nuevos mundos” en las audiencias. No basta con sólo informar y elaborar coyunturales contextos interpretativos en torno a la noticia. No. El papel del periodista va más allá.La mayoría de las veces el tratamiento de la información se limita a lo meramente objetivo; en otras ocasiones se intenta interpretar un hecho a la luz de los acontecimientos, pero con puntos de vista demasiado sesgados y en absoluto prácticos para la vida cotidiana; y, finalmente, hay un estilo de periodismo que amenaza con seguir extendiendo sus tentáculos: el periodismo basura o de "farándula".
Estas tres formas de trabajo no ayudan en absoluto a mejorar nuestra situación. Y digo “nuestra situación” porque estoy hablando de un problema global, que afecta a la prensa de todo el mundo, salvo honrosas excepciones.
El periodismo es un oficio que aún tiene mucho por desarrollar. Su potencial es infinito y, por lo mismo, se ha desaprovechado dramáticamente. Al comunicar un hecho es necesario situarse imperativamente en la mentalidad del individuo que recibirá el mensaje, para así “seducirlo” y no sólo lograr que sintonice el televisor o compre un diario. Lo que hay que conseguir es una respuesta de su parte. Una acción.
Sin embargo, esta premisa se cumple parcialmente, ya que los periodistas no hemos sido capaces de descubrir las VERDADERAS necesidades del público. Y aquí voy a decir algo que es evidente, que muchos ya lo saben, pero que quiero reforzar en este artículo: las “verdaderas” necesidades que dicen encontrar los medios en la gente se remiten básicamente a la entretención, una necesidad importante, no lo dudo, pero completamente intrascendente para efectos superiores.
Está bien, lo reconozco, en la vida hay que distraerse, es sano de vez en cuando “no pensar”. El problema se presenta cuando esta necesidad se transforma en el principal motor de las noticias, sobre todo asumiendo que la real necesidad está en aumentar los puntos de audiencia de un programa de televisión o las ventas de un periódico o una revista.
Cierto, los medios de comunicación deben financiarse, y la mejor manera de vender es con contenidos “ligth”, interpretaciones de noticias “al paso” y una abundante oferta de prensa del corazón.
Los ejecutivos de los principales conglomerados sostienen que ellos simplemente ofrecen “aquello que la gente pide”, lo cual es una gran falacia. Los medios hacen lo que dicta la “ley del mínimo esfuerzo”, es decir, apelar al morbo del público, con polémicas, sexo y violencia, sin profundizar demasiado en cada tema -para que el respetable “no se canse”- y así mantenerlo fácilmente cautivo.
Bien hecho para los bolsillos de los empresarios, sin duda una buena táctica comercial. Pero simultáneamente, y sin darnos cuenta, nos vamos destruyendo como sociedad, al desinformarnos y perder la oportunidad de abordar otros temas que puedan ser de utilidad.
Siempre pienso ¿qué pasaría si un canal de televisión tomara la iniciativa y aumentara la cantidad de espacios con contenidos que hagan pensar a las personas? Nada, que la televisora de la competencia seguiría con su programación basura mientras el canal que se arriesgó a mejorar su oferta se va a la mierda.
Es un problema difícil de abordar. ¿Cómo elevar el contenido de las noticias sin perder audiencias y bajar las ventas? ¿Cómo abandonar esta fórmula barata que proporciona tan buenos dividendos al “negocio”?
Pues bien, desarrollando un periodismo que sea capaz de encontrar las verdaderas necesidades de la gente. Y si bien la entretención es una de ellas, en ningún caso es la más importante ni ayuda a cambiar el mundo o al menos a mejorar nuestra vida cotidiana. Por eso, el desafío está en descubrir en qué medida lo que estamos comunicando los periodistas puede ser de utilidad para el público. En qué medida la noticia que entrego puede ser una fuente de conocimiento que motive a las personas a mejorar su futuro y el de los demás. Y en qué medida esta información puede ser atractiva y cautivante.
En definitiva, la invitación es a desarrollar un periodismo inteligente, crítico y empático, que haga pensar y motive a la acción.
Publicado originalmente en el mes de
marzo de 2005 en el blog español Solloína.

















